Vídeo para taller sobre drogas

Buenas,

Hoy os dejo un vídeo que sacaron parcialmente hace poco en un reportaje de “En Tierra Hostil”, acerca del tráfico de drogas. El vídeo es una metáfora sobre la lucha contra las drogas, su prohibición y el nacimiento de grupos armados que crean negocio a su alrededor.

El vídeo es de la “Global Commission on Drug Policy” y al final del vídeo incluso hace una propuesta sobre cómo se debería manejar la situación.

Puede seros de utilidad para trabajar con chicos y chicas en vuestros talleres.

Posible uso dentro de un taller:

  • Visionado del vídeo, sin comentar cuál es su temática
  • Dejar que los participantes comenten qué opinan del vídeo y ver si se han acercado al mensaje del vídeo
  • Comentar de qué va el vídeo, qué intenta transmitir
  • Volver a visionar el vídeo
  • Comentar impresiones de nuevo

 

El vídeo está en inglés subtitulado, por lo que tenlo en cuenta a la hora de mostrarlo para que los participantes puedan ver el vídeo y leer la traducción.

Que paséis una buena semana 🙂

Respuesta contrapublicitaria: anuncios que nos venden estilos de vida

Hola de nuevo.

Tras varios artículos en los que se tocaba el tema del consumo responsable de marcas, en éste os traigo un ejemplo de contrapublicidad.

Os sugiero que hagáis un ejercicio, la próxima vez que estéis viendo la televisión y haya un paréntesis publicitario y es que os fijéis en cuántos anuncios venden realmente el producto en sí y cuáles venden una idea, un modo de vida que nada tiene que ver con lo que venden. Así es el mundo del consumo, ya las marcas no se conforman con vendernos las “bondades” de su producto, sino que crean alrededor algo virtual que nada tiene que ver.

Ante todo esto, aquí os mostramos un ejemplo de contrapublicidad, un vídeo en contra del estilo de vida que propone una marca, un vídeo sobre los aspectos negativos de un consumo excesivo del producto.

El vídeo aquí: www.therealbears.org

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Consumo Responsable de las TIC : redes sociales y móviles

Hola de nuevo.

Siguiendo con la temática del consumo, hoy os traigo un artículo relativo a las TIC, es decir, a las Tecnologías de la Información y la Comunicación o, diciéndolo de forma más sencilla : las nuevas tecnologías. En este artículo encontrarás material suficiente para preparar una charla, ya sea a tu hijo o a tus chavales si eres monitor.

Hace tan sólo unos días vi en las noticias que España es uno de los países europeos con más jóvenes en una situación de riesgo de cara a poder convertirse en adictos a la tecnología (especialmente debido al uso de las aplicaciones de mensajería móvil y de los smartphones en general). Yo misma veo como muchos chicos y chicas ya con 11 años tienen un móvil, pero ya no un móvil ladrillo como los de antaño, sino un señor Smartphone. Y mi pregunta es, ¿realmente lo necesitan? (a lo cual yo contesto con un contuntente: NO).

La tecnología marca constantemente un antes y un después, sobre todo en el ámbito de las comunicaciones y no sólo en la rapidez e inmediatez de las mismas, sino en la forma de comunicarnos. Antes para hablar con una persona que estaba a kilómetros de distancia era necesario hacer uso de las cartas, más adelante el ser humano pudo comunicarse por teléfono y a día de hoy son innumerables las posibilidades que tenemos, pasando muchas de ellas por Internet. No obstante la tecnología no se aleja del resto de las cosas en cuanto a que, como todo, debe usarse bien. Como diría Platón “las cosas son buenas en su justa medida”.

Seguro que hasta este punto estamos todos de acuerdo, pero, ¿cómo se usan bien las nuevas tecnologías? ¿qué riesgos hay, especialmente para los jóvenes? En este artículo nos centraremos en el uso de las redes sociales y de los smartphones (teléfonos móviles con Internet, aplicaciones, etc.)

Redes sociales: no pongas en ellas lo que no quieras que se sepa de ti

Una red social es un sitio web donde cada usuario tiene una cuenta asociada a un perfil. Hay varios tipos de redes sociales, en algunas los usuarios pueden poner fotos (como Facebook o Tuenti) y en otras lo que importan son exclusivamente las palabras (como Twitter). Además en el caso de las primeras pueden ser terceras personas (amigos) quiénes suban fotos y nos “etiqueten”, por lo que una foto subida por otra persona pasa a asociarse a nuestra cuenta y a ser vista por las personas que pueden ver nuestro perfil.

Las redes sociales tienen como beneficio que las personas pueden interactuar en ellas de forma rápida, compartiendo comentarios, fotos e impresiones (incluso se puede jugar a través de algunas de ellas). La interacción social es la parte más atractiva y, en el caso de los adolescentes más jóvenes el deseo de entrar en una red social no es otra cosa que el querer estar donde sus amigos están para no perderse nada. No obstante para poder usarlas con cabeza hay que tener en cuenta unas normas mínimas de seguridad:

  1. Las redes sociales tienen una edad mínima. Por desgracia a pesar de que en algunos casos se vigile, no existe ningún mecanismo que permita averiguar si un perfil coincide con la edad mínima permitida (aunque bueno, digo yo que si con 14 años ya se puede tener DNI, podrían hacer algo vía DNI electrónico, pero a día de hoy no está muy asentado todavía). Si tus hijos o tus educandos no tienen esa edad, deben comprender que NO deben usar las redes sociales.
  2. Las redes sociales permiten configurar distintos niveles de privacidad. Lo primero que debería de hacer todo usuario (sea menor o mayor de edad) es revisar el nivel de privacidad que viene por defecto al crear una cuenta y establecer el nivel deseado. Para que os hagáis una idea por ejemplo en las redes sociales más famosas en las que se pueden subir fotos, un perfil puede estar abierto a TODO el mundo (todo el mundo puede ver tus fotos y asociar tu nombre con tu cara si usas tu nombre real), sólo a nuestros amigos (es decir, aquellos que hayamos autorizado expresamente) o algo intermedio: a tus amigos y a los amigos de estos. Personalmente recomiendo que la gente lo restringa a sólo sus amigos, de éste modo siempre sabrá quién tiene acceso a sus fotos.
  3. Ser conscientes de a quién agregamos como amigos. Si establecemos un nivel de privacidad restringido pero aceptamos a todo el mundo que nos manda una invitación (en las redes sociales NO ES EXTRAÑO que desconocidos nos inviten a ser sus amigos), no sirve de nada.
  4. Como comentábamos en el “eslogan” de este apartado, NO pongas en las redes sociales lo que no queiras que sepan de ti. Al fin y al cabo es información y nunca sabes si alguno de tus amigos puede difundir lo que cuelgues. Una regla de oro es dejar lo privado alejado de Internet, lo más posible. No ha sido la primera ni la última vez que alguien sube una foto comprometida para que la vea su círculo más cercano y al final acaba difundiéndose y afectando socialmente a quién la subió, así que ojito.

Si ya tienes una red social, te invito a que hagas el siguiente ejercicio: comprobar tu coeficiente de presencia/visibilidad en internet. Esto no es otra cosa que una manera de medir cuánta información hay de ti en Internet. Para ello pincha en este enlace http://www.webmii.es/ y rellena el formulario.

Móviles: ¿enganchados?

Ahora viene el turno de los móviles.

Yo de pequeña tenía móvil (entendiendo por pequeña unos 11 años), mi primer móvil era lo más retro del momento (era heredado) y lo usaba para poder llamar a casa si había algún problema cuando salía de excursión o similar. En mi adolescencia los móviles inteligentes no existían, por lo que nunca estuve tentada de usar nada similar a las aplicaciones de mensajería que hay ahora, que usando internet son gratis. Además mi tarjeta era de pre-pago con lo que tenía que calcular muy mucho el número de llamadas y mensajes que hacía antes de que se me acabase. A día de hoy tengo un smartphone (evitaré decir marca por aquello de no hacer publicidad gratis) y lo cierto es que para algunas cosas lo disfruto mucho, incluso yo misma uso prácticamente a diario los mensajes vía tarifa de datos. Eso sí, cada cosa tiene su momento del día. Esto es, si estoy en el trabajo ya puede vibrar el móvil todo lo que quiera que estoy a cosas más importantes. Si estoy en una reunión social (una comida, una cena) no saco el móvil y paso del resto (salvo que sea para ver si un mensaje entrante es o no urgente, pero es cosa de segundos). En resumen, intento hacer un consumo responsable del aparato. Aún así, incluso los adultos con cierta madurez y conciencia pueden (podemos) caer algún que otro día en un uso por encima de lo debido. Si esto nos puede pasar a nosotros, ¿cómo no va a pasar con los adolescentes?

El deseo de tener un terminal altamente cualificado (me refiero a que tenga internet y funcionando, con tarifa de datos pagada por mamá y papá) viene del mismo sitio que el deseo por estar en las redes sociales : los amigos lo tienen, yo lo quiero para ser uno más. ¿Quiere decir esto que hay que comprarle un móvil a un chaval o chavalita de 11 años? Esto es decisión de los padres, pero hay que saber que también existe un término medio. En primer lugar hay que educarles e instruirles en el buen uso del mismo, para ello es necesario establecer los límites que ellos, a menudo, no pueden, esto es: establecer horarios. Desde mi humilde punto de vista (al igual que en todo el artículo) un chico o chica de estas características puede usar el teléfono de sus padres con internet dejándoselo estos en tiempos previamente acordados. O bien tener un móvil con capacidad de tener internet pero sin tarifa de datos, de modo que sea en casa y cuando están sus padres pendientes (lejos además del horario del colegio o actividades extraescolares) cuando pueda usarlo bajo cierta supervisión.

De cara al ámbito educativo se puede pedir a los chicos y chicas que hagan una reflexión del tiempo que pasan gastando el teléfono (o las redes sociales) frente a otras actividades que consideremos importantes. También es una buena idea que ellos mismos hagan una lista de cosas buenas y cosas malas que les puede aportar la tecnología, antes de contarles más para que ellos mismos relfexionen por sí mismos.

¡Ojo! Todo esto aquí comentado es para hacer un buen uso de las tecnologías, pero no para decir que éstas sean malas por naturaleza (como anécdota curiosa al respecto, si buscáis la marca de la bestia en la wiki aparecen teorías sobre la relación del 666 con el prefijo www que precede a las webs). Por ejemplo en el ámbito escolar personalmente admiro el uso que se le está dando a las TIC, tanto a nivel de recursos de hardware (los dispositivos que se pueden tocar, como un tablet) como a los profesores que se modernizan y cuelgan contenidos extra para sus asignaturas en sus blogs (como vídeos para reforzar el estudio).

Dado que el tema da de sí, habrá más contenido en el blog al respecto, mientras tanto espero que os sirva de ayuda para recabar información al respecto.

Un saludo y que paséis buena semana 🙂

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Bombardeo publicitario: creando máquinas de consumir

Como ya sabréis en caso de haber leído ya algo de este blog (y si no, yo os lo cuento =) ), los artículos aquí expuestos están destinados a personas que trabajen en el ámbito del Ocio y el Tiempo libre o a padres y madres que busquen actividades adicionales para hacer con sus hijos y no tengan mucho tiempo disponible para inventar nuevos juegos. En definitiva: a educadores (en mayor o menor grado, dependiendo del rol de cada uno).

El artículo de hoy tiene que ver con la educación de los jóvenes y de los no tan jóvenes, de ser consciente de los estímulos externos y concretamente a unos muy concretos : los anuncios publicitarios.

La publicidad nos envuelve, nos rodea, está presente en prácticamente cualquier parte, cerca, tan cerca que un buen observador podría acabar concluyendo que va más allá, que más bien nos asfixia. Vosotros mismos podéis comprobarlo en cualquier medio de comunicación, o en la propia calle: id al centro de vuestra ciudad y observad la cantidad de carteles o gente repartiendo panfletos que hay cada día. Os sugiero que pongáis la radio un día por la mañana, algún programa tipo morning-show. Es increíble como ya no basta solamente con meter espacios publicitarios, sino que los propios programas están diseñados para hablar de temas que hilen con el próximo anuncio que interpretarán los locutores. A día de hoy se convierte en un bombardeo continuo a todas horas, sin descanso, sin clemencia.

En el vídeo que veis a continuación podéis ver un ejemplo de ello. Si no os animáis a ver el vídeo entero (que sería lo ideal) os invito que al menos veáis los primeros minutos. Como dice el chico que da comienzo al documental, en una ciudad estamos sometidos a unos 3000 impactos publicitarios al día, ¿te podías imaginar que fuesen tantos? Échale un ojo y piénsalo.

El vídeo es de “Consume Hasta Morir”, si queréis acceder a su web, es ésta: http://www.consumehastamorir.com/

Vale, sí, estamos rodeados de publicidad pero … ¿cuál es el problema? Si hay anuncios que incluso molan, tienen canciones pegadizas, montajes originales … ¿qué hay de malo? Cierto es que hay anuncios con un gran valor desde el punto de vista creativo. Sin embargo, hay que tener cuidado ya que no es oro todo lo que reluce y un anuncio es algo más que imágenes bonitas (que no siempre lo son) y una canción pegadiza. Todos tienen algo en común: un mensaje, el de consumir. Es por ello que hay que desarrollar dos cualidades muy importantes: consciencia y criterio. La primera refiriéndonos a que debemos de ser conscientes de lo que hay a nuestro alrededor, en este caso de los mensajes subliminales (o no tanto) que nos rodean. La segunda para poder hacer frente a los estímulos externos, siendo capaces de crearnos nuestra propia opinión, buscando ver más allá que la “verdad” que nos ponen delante los demás, los medios, etc., de pensar por nosotros mismos y decidir en consecuencia.

Actualmente vivimos en una sociedad de consumo, en la que las grandes empresas que se dedican a la venta de productos, viven a costa de convencernos que necesitamos lo que ellos venden, intentando crearnos siempre unas expectativas por encima de nuestra situación actual, haciendo que nos encontremos, sin darnos cuenta, en una carrera continua por llegar a un “estado de bienestar” que no es otro que el que la publicidad nos vende. Esa meta a la que queremos llegar siempre se aleja constantemente, ya que de alcanzarla cesaríamos en consumir nuevos productos. Pero jugar a crear nuevas “necesidades” (necesidades que en realidad no lo son) a la sociedad no es la única baza que juegan las grandes empresas. La otra gran (y vergonzosa) jugada es la de la obsolescencia programada, es decir, que los productos tienen un tiempo de vida programado, muriendo una vez acaba este período. Algunos ejemplos son los siguientes:

•    Antes existían las medias irrompibles (allá por los años 50), pero desaparecieron porque las mujeres compraban pocas (si no se rompían, con unos pocos pares ya tenías para siempre). No hay más que ver las medias que compramos ahora, que se rompen a la primera de cambio (salvando algunas que duran más, pero que son muchísimo más caras y al final también se rompen)
•    La bombilla de la estación de bomberos de Livermore (California) lleva funcionando SIN INTERRUPCIÓN desde 1901, ¿por qué nosotros tenemos que cambiar las bombillas de casa cada dos por tres? Por lo mismo: las empresas decidieron que ganarían más haciendo que las bombillas durasen una cantidad determinada de horas para que siguiésemos consumiéndolas durante toda la vida.
•    Las impresoras tienen un chip para que, llegados a cierto número de impresiones el aparato deje de funcionar
•    Los electrodomésticos antes duraban décadas, ahora resulta raro que una lavadora o frigorífico llegue a cumplir una.

Un artículo que me pareció curioso es el de este blog Artículo amenaza de muerte a español que inventó la bombilla en el que se habla de las amenazas de muerte que ha sufrido un español que ha inventado una bombilla de bajo consumo que dura muchos años. Está claro cristalino que si las empresas no nos proporcionan este tipo de bombilla es porque no quieren, no les renta, sus bolsillos pesarían menos aunque su conciencia estuviese más limpia.

En el siguiente vídeo tenéis un documental dedicado a la obsolescencia programada, a cómo este fenómeno nos impulsa a consumir mucho más de lo que deberíamos. Esto no sólo tiene un coste para nosotros a nivel social, sino también un coste para el medio ambiente y nuestro ecosistema, ya que supone un mayor gasto de los recursos del planeta (que NO son ilimitados) y resulta en grandes vertederos de residuos electrónicos (entre otros).

En otro post de este mismo blog tenéis un taller sobre el consumo responsable de marcas y cómo afecta al medio ambiente (https://aquejugamosjuntos.wordpress.com/2012/05/23/el-consumo-responsable-de-marcas-y-como-afecta-al-medio-ambiente/) con otro vídeo dedicado al tema.

Dado que el documental es bastante amplio, no añadiremos más información sobre la obsolescencia programada en este artículo. A estas alturas ya tenemos una idea de las implicaciones que tiene la publicidad y de cómo las empresas nos incitan al consumo por dinero, intentando convencernos de que tenemos nuevas necesidades de sus productos y vendiéndonos productos que están “defectuosos” de forma no sólo consciente, sino a propósito. Pero si bien el pastel está prácticamente acabado, nos falta por ponerle la guinda. No contentos con convertirnos en máquinas de consumir (o intentarlo, porque ahora que somos conscientes de lo que hay, intentaremos ponerle freno), los anuncios van todavía más allá. En algunos casos (porque cierto es que hay algunas agencias de publicidad responsable), el fin justifica los medios, y para vender no son pocos los anuncios que usan el sexismo por ejemplo vendiendo la imagen de la mujer como objeto sexual para fomentar la compra de un producto, o que nos incitan a consumir productos que son claramente perjudiciales para la salud (por ejemplo hace unos años, el tabaco se vendía con la imagen de un cowboy, insinuando que era algo para hombres y que había que ser muy macho para fumar, y lo triste es que les funcionó bastante bien). Es decir, hay publicidad que además de incitarnos al consumo envía mensajes que afectan a nuestro modo de ver el mundo, que van en contra de los valores que intentamos transmitir a los más jóvenes y, lo que es peor, lo hace mientras somos inconscientes de ello, convirtiéndonos a menudo también en víctimas.

En este blog se intentarán abordar varios talleres sobre el tema publicidad y consumo responsable (uno de ellos ya mencionado en un párrafo anterior), facilitando material previamente recopilado para que lo podáis trabajar con vuestros hijos/as, educandos, etc.

Antes de acabar, admitir también que existe publicidad responsable, que no hace uso del “vender como sea”, si bien la norma (aunque sea de forma responsable) sigue siendo la de crearnos nuevas necesidades que realmente no tenemos.

Por todo lo aquí citado es importante que la persona que esté leyendo este artículo, antes de pensar en realizar talleres o explicárselo a sus hijos dedique un tiempo a la reflexión, que incluso busque otras fuentes para documentarse más y sobre todo que intente tener una visión crítica y formarse su propia opinión. Para poner remedio a esta situación debemos de empezar por ser conscientes nosotros mismos de lo que hay, para poder comunicarlo al resto de personas y educar a los que vienen en el consumo responsable. Además podemos ayudar a poner remedio con alguno de estos métodos:

•    Educar, como ya hemos dicho, para que poco a poco todos seamos conscientes del problema. Educar no tiene por qué implicar a personas más jóvenes que tú, educa a tus hermanos y hermanas, a tus padres, a tus amigos y amigas, a todos los que puedas.
•    Siempre que puedas compra artículos de Comercio Justo (no es un tema tratado en este artículo pero lo será más adelante), el dinero que inviertas en estos artículos se repartirá de una forma más equitativa que en otros casos, siendo los productores beneficiados de forma más justa. En las páginas de las principales ONGs hay siempre una tienda de este tipo. Por ejemplo ahora que se acercan las Navidades (época claramente consumista) podemos comprar algún detalle en una de estas tiendas, en las que hay cosas muy curiosas tanto para mujeres como para hombres, niños, hogar, etc.
•    Intenta recordar que hay que ser críticos  y no dejarnos llevar por lo que de repente nos gusta o queremos. Pregúntate, ¿lo necesito? ¿Tengo ya algo parecido que cumpla la misma función?
•    Otra buena herramienta es intentar enterarte de qué papel tienen las empresas para las que compras y comprar a aquellas que no experimenten con animales, que dediquen una parte de su presupuesto a ayuda humanitaria o labores sociales, que las condiciones laborales en las que trabajan sus productores sean buenas, etc. De este modo como consumidor estarás premiando a aquellas compañías que hagan algo más que vender. Si todos hiciésemos esto, al final todas las empresas tendrían en cuenta unos valores éticos mínimos que nos beneficiarían a todos.

Espero que si has llegado hasta aquí este artículo te haya servido de algo, y sirva para difundir lo aquí expuesto. Un saludo, y gracias por leer =)

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